domingo 29 de noviembre de 2009

Izquierda Republicana no participa en la refundación de IU


Ante las noticias que han aparecido en la prensa, en relación al acto de “Refundación de la izquierda”, que celebrará Izquierda Unida mañana, sábado, sobre la participación de Izquierda Republicana en ese proceso que IU se ha planteado a sí misma, debemos desmentir rotundamente que Izquierda Republicana vaya a participar en tal acto ni mucho menos que vaya a reintegrarse en la formación de IU en el futuro próximo.

Quienes dicen participar en tal acto en nuestro nombre, de manera falsaria, son algunos ex afiliados, expulsados del partido por no acatar las decisiones que democráticamente se han adoptado en IR, a partir de nuestro congreso de 2007. Hay que señalar que no han aceptado la renovación que entonces se produjo, incluida la de la máxima dirección, pues, entre otras cosas, formaban parte de esa antigua dirección que ha dilapidado un patrimonio devuelto por el Estado –que en su momento incautó a Izquierda Republicana- de tal forma que dos tercios de los 500 millones de pesetas devueltas, han desaparecido sin que se haya justificado jamás su paradero con la información contable pertinente. A causa de ese intento de usurpar el nombre de IR, han sido pertinentemente querellados ante los tribunales de justicia.

Izquierda Republicana no ha recibido ninguna invitación por parte de Izquierda Unida para participar en ningún proceso de “refundación”, ya sea de la propia IU, ya sea de la izquierda española en general, de la que IU e IR son algunas de sus integrantes. De todas maneras, IR atendería cortésmente cualquier invitación de IU en ese sentido, aunque creemos que la mejor refundación que puede afrontar IU deberá ser una respuesta aceptable a la decepción que le manifiestan ostentosamente sus propios votantes, aquellos que llevan años sin votarla.

Madrid, 27 de noviembre de 2009Secretaría de Comunicación de Izquierda Republicana

sábado 7 de noviembre de 2009

Me cago en Trotsky


Óscar Gómez Mera


Cuando era joven y comunista, mi adscripción al socialismo variaba en función de la lectura que pasaba por mis manos. Cuando me hallaba inmerso en la lectura de “El Estado y la Revolución” o “Notas críticas a la cuestión nacional” era leninista. Si los libros que poblaban mi mesilla de noche eran los “Escritos revolucionarios” o “Diario de Bolivia” me tenía por guevarista. Llegué a pasar por estalinista una vez que me hice con unos cuantos de los tomos de sus obras completas en unos saldos de invierno.

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero si ni mi santa madre ha sido capaz de hacer de mí un buen cristiano (ni siquiera uno malo), ¿qué carajo va a poder hacer el tiempo? Hoy, cuando sigo siendo comunista aunque no tan joven, ya que lo único que ha podido hacer el tiempo es ponerme años y canas, sigo teniendo algo en común con mi época de furibundo estalinista. Entonces, a pesar de haber leído a Trotsky, todo lo que sonaba a trotskismo nos hacía chirriar los dientes y nos generaba una sectaria desconfianza. Marx decía que él no era marxista, y yo quiero ser seguidor de la obra de Marx sin serlo. Pero como no se puede, diré que soy marxista. Porque al contrario de lo que no hice cuando era joven y comunista, que era leer a Marx antes que a nadie, hoy lo vengo haciendo y es por ello que todavía puedo decir que soy comunista. O por lo menos marxista.

Tiene cojones que sea precisamente hoy cuando el diario Público regala “La Revolución permanente” de Trotsky (libro que volveré a leer y a intentar entender), sea cuando me entero que Rafael Reig no trabaja ya en este diario. Eché en falta ayer su columna, pero pensé que se trataría de una reestructuración. Pero no. Rafael Reig no escribirá más columnas de opinión. Por lo menos no en el periódico de Jaume Roures. Le propusieron cambiar a la sección de Cultura. Se lo propusieron como propone la patronal: esto es lo que hay o si no te vas. Y él, acompañado de toda su dignidad, se fue. Seguro que no sin antes tomarse un par de whiskys con el resto de la redacción. Además, seguro que invitó él.

Soy lector de Público desde que vio la luz allá por octubre de 2007. Lo compro siempre los fines de semana, y entre semana los días que preveo que voy a poder leerlo sin prisa. Cuando no lo compro le echo un vistazo en internet. Lo compro por los DVDs, CDs y libros que regala. El de Trotsky incluido. Pero lo compro fundamentalmente por quien escribe en él.

A pesar de que Nacho Escolar ha pasado a ser el Umbral de Público escribiendo la contraportada del mismo, fue relegado hace unos meses como director. Rafael Reig molestaba con su opinión libre. Demasiado libre como dice hoy Antonio Orejudo en su columna. Por ello se lo han cargado miserablemente. No pudieron hacer lo mismo con Javier Ortiz, pero porque se murió antes. Isaac Rosa se me antoja como el siguiente en engrosar la lista de defenestrados.

Jaume Roures, dueño de Público a la par que antiguo militante de la trotskista Liga Comunista Revolucionaria, ha conseguido que el arriba firmante pase de ser un lector de su diario, a ser un cabreado lector del mismo. Lector cabreado que se transformará en ex lector tan pronto como Reig vuelva a escribir en algún diario. Aunque sea el Deia o La Razón. Se puede meter Roures los libros, DVDs, CDs y demás parafernaria donde pueda, ya que sin gente como el propio Reig, o Rosa, u Orejudo, o Saco, así como Martín Seco, Cotarelo, Taibo y demás articulistas libres, su diario no vale nada. Por lo menos no más de lo que vale El País. Y dicho esto sólo me queda cagarme en Trotsky.

La vergüenza del muro


Óscar Gómez Mera


Se cumplen ahora veinte años del derrumbamiento del Muro de Berlín, el llamado Muro de la Vergüenza. Coincide este aniversario con la mayor crisis que el sistema capitalista ha conocido desde el crack de 1929.

Si el Muro de Berlín era una vergüenza en sí misma por dividir un país en dos mitades, no era menor la vergüenza que se ubicaba al lado oriental del mismo. Un sistema político, el capitalismo de Estado, nacido fruto de la tergiversación y manipulación del más bello de los ideales: el socialismo. Un estado parapolicial y totalitario (valga la redundancia) había suplantado las ansias de pan y libertad iniciadas un lejano 7 de noviembre de 1917 en la fría Rusia zarista. 7 y 9 de noviembre, dos fechas tan cercanas y tan lejanas al mismo tiempo.

Pero pocos hablan de la vergüenza que se encontraba al lado occidental del muro. La de un sistema, el de libre mercado, que basa su libertad en la negación de la libertad humana. Los ciudadanos de los países del este creyeron que con el derrumbe del muro se les abrían las puertas al tan anhelado paraíso terrenal. Pero el mentado paraíso tornó en un infierno donde se antepone el beneficio empresarial al principal derecho universal (Pablo Castellano dixit), el derecho a comer caliente todos los días.

Veinte años después no hay mucho que celebrar. Esta conmemoración sólo será válida si nos lleva a la reflexión. Nada más.

martes 27 de octubre de 2009

Piensa en verde


Óscar Gómez Mera


Una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en una verdad. Algo así venía a decir Goebbles, el propagandista de la Alemania nazi. Si nos paramos a pensar como frases, ideas, hechos... han sido tergiversados y manipulados para acabar expresando justamente lo contrario de lo que querían señalar, o representando algo que nada tenía que ver con lo originalmente concebido, la lista final sería monstruosa.

Hace una década lo verde se empezó a poner de moda. El ecologismo se abría camino a finales del siglo de las revoluciones frustradas. Y no es que el arriba firmante se oponga a la conservación y cuidado de la Madre Tierra (la única Madre Patria por la que merece la pena sentirse nacionalista). Les juro por mis muertos más frescos y por el triplete del Barça (que ya es jurar), que separo los envases de plástico y los tetra briks, así como el cartón y el papel, para depositar a posteriori todo en su contenedor correspondiente. Amén de utilizar los folios por las dos caras y sacar del garaje mi viejo Ford sólo cuando el desplazamiento en transporte colectivo se antoja imposible. Pero de ahí a tragarme la pantomima de la cultura verde que nos pretenden imponer hay un abismo.

Con la excusa de la ecología y el medio ambiente nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino hasta a los mismísimos ateos. Lo que en su día fue una apuesta por poner en el centro del debate el daño que le venimos infringiendo al planeta, hoy no es más que un intento circense y canallesco de hacer entrar en el redil a un número aún mayor de borregos.

Lo verde empezó a enmierdarse (supongo que de ahí lo de verde caqui) en el apartado político-ideológico. La izquierda verde ha ocupado momentáneamente el espacio que antaño estaba reservado a la lucha de clases. Es cierto que el mal llamado socialismo de la URSS, China y sus satélites no le hizo ningún favor a la izquierda de clase; momento que aprovecharon los gurus de lo verde para inventarse una nueva ideología cuyo único fin es ocupar poltrona y aparentar ser rojillo, aunque sea a base de lanzar a los Mossos d´esquadra contra inofensos manifestantes agrarios como hace el izquierdista y verde Joan Saura. Da igual que el sistema capitalista oprima al obrero hasta la última gota de sudor. De lo que se trata es de que el sudor no huela mal y no contamine la atmósfera.

No vean ustedes lo coherente que resulta ver a Al Gore dando charlas contra el cambio climático, mientras se embolsa cantidades superiores a los 100.000 euros y utiliza su jet privado para desplazarse. Igual de moralizante que Mrs. Obama asistiendo a veladas benéficas contra el hambre calzando mocasines de 200 boniatos. Que seguro que cuestan tanto porque son ecológicos y se han hecho respetando la vida del ornitorrinco bangladesí.

La última gran estafa que pretenden infringirnos con la excusa de lo verde, es la de las bolsitas de plástico de marras. Es cuanto menos curioso que tal medida la hayan adoptado las grandes superficies justamente en época de crisis, ¿no? Dicen que las bolsas contaminan, que tardan 400 años en biodegradarse, que se le enredan a los delfines en el morro y a las madres de los miembros (y miembras) de los consejos de administración de las grandes cadenas de alimentación en el chichi.

Quieren ahorrarse el coste de las bolsas. Con esta medida no se dejará de producir bolsas ni de contaminar. De todos es sabido que la mayoría de la gente usamos las bolsas que nos dan en el super como bolsas de basura. Si desaparecen las primeras tendríamos que comprar las segundas, cuyo precio por unidad es muy superior al céntimo de euro que pretenden descontarnos. El gasto correría de nuestra cuenta mientras el uso de bolsas no se reduciría, porque en algo habrá que depositar el material orgánico.

Para rematar la broma, los Carrefours, Eroskis, Dias y demás centros de la perversión consumista han fabricado unas bolsas reutilizables que nos venden a 50 céntimos, eso sí, con el anagrama de la compañía, faltaría más, la publicidad ante todo. Bolsas cuya biodegradación es cuanto menos cuestionable.

Se trata de hacer un uso más racional de las bolsas de plático, llevándonos sólo las que necesitemos, reutilizándolas luego como bolsas para el material orgánico, y en caso de no necesitarlas depositándolas en el contenedor amarillo para su reciclaje.
Está más que claro que las grandes superficies están pensando en verde. En el verde. O más bien, en los verdes que se van a ahorrar si nos dejamos camelar con la campaña de las putas bolsas.

domingo 18 de octubre de 2009

Las tiendas desaparecidas (Arturo Pérez-Reverte)


Cada vez que doy un paseo veo más tiendas cerradas. Algunas, las de toda la vida, habían sobrevivido a guerras y conmociones diversas. Eran parte del paisaje. De pronto, el escaparate vacío, el rótulo desapercido de la fachada, me dejan aturdido, como ocurre con las muerte súbitas o las desgracias inesperadas. Es una sensación de pérdida irreparable, aunque sólo haya echado vistazos al escaparate, sin entrar nunca. Otras de esas tiendas son negocios recientes: comercios abiertos hace un par de años, e incluso pocos meses; primero, los trabajos que precedían a la apertura, y después la inauguración, todo flamante, dueños y dependientes a la expectativa, esperanzados. Ahora paso por delante y advierto que los cristales están cubiertos y la puerta cerrada. Y me estremezco contagiado de la desilusión, la derrota que trasmite ese triste cristal pegado al cristal con las palabras se alquila o se traspasa.


En lo que va de año, la relación es como de una lista de bajas depués de un combate sangriento. Entre las que conozco hay una parafarmacia, dos tiendas de complementos, una de música clásica, una estupenda tienda de vinos, una ferretería, una tienda de historietas, tres de regalos, dos de muebles, cuatro anticuarios, una librería, dos buenas panaderías, una galería de arte, una sombrerería, una mercería e innumerables tiendas de ropa. También -ésa fue un golpe duro, por lo simbólico- una juguetería grande y bien surtida. Me gustaba entrar en ella, recobrando la vieja sensación que, quienes fuimos niños cuando no había televisión, ni videoconsola, ni nos habíamos vuelto todos -críos incluidos- completamente cibergilipollas, conservamos del tiempo en que una juguetería con sus muñecas, trenes, soldados, escopetas, cocinitas, caballos de cartón, disfraces de torero y juegos reunidos Geyper, era el lugar más fascinante del mundo.


Ahora hablamos de crisis cada día. Hasta los putos políticos y las putas políticas -que no es lo mismo que políticas putas, ahórrenme las putas cartas lo hacen con la misma impavidez con que antes afirmaban lo contrario. En todo caso, una cosa es manejar estadísticas; y otra, pisar la calle y haber conocido esas tiendas una por una, recordando los rostros de propietarios y dependientes, su desasosiego en los últimos tiempos, la esperanza, menor cada día, de que alguien se parase ante el escaparate, se animara y entrase a comprar, sabiendo que de ese acto dependían el bienestar, el futuro, la familia. Haber presenciado tanta angustia diaria, la ausencia de clientes, el miedo a que tál o cúal crédito no llegara, o a no tener con qué pagarlo. El saberse condenados y sin esperanza mientras, en las tiendas desiertas que con tanta ilusión abrieron, languidecían su trabajo y sus ahorros. Morían tantos sueños.


Eso es lo peor, a mi juicio. Lo imperdonable. Todas esas ilusiones deshechas, trituradas por políticos golfos y sindicalistas sobornados que todavía hablan de clase empresarial como si todos los empresarios españoles tuvieran yate en Cerdeña y cuenta en las islas Caimán. Ignorando las ilusiones deshechas de tanta gente con ideas y fuerza, que arriesgó, peleó para salir adelante, y se vio arrastrada sin remedio por la tragedia económica de los últimos tiempos y también por la irresponsabilidad criminal de quienes tuvieron la obligación de prevenirlo y no quisieron, y ahora tienen el deber de solucionarlo, pero ni pueden ni saben. De esa gentuza encantada consigo misma que no sólo carece de eficacia y voluntad, sino que sigue impasible como don Tancredo, procurando ni parpadear ante los cuernos del toro que corretea llevándose a todo cristo por delante. Un Gobierno cínico, demagogo, embustero hasta el disparate. Una oposición cutre, patética, tan corrupta y culpable de enjuagues ladrilleros que trajeron estos fangos, que resulta difícil imaginar que unas simples urnas cambien las cosas. Sentenciándonos, entre unos y otros, a ser un país sin tejido industrial ni empresarial, sin clase media, condenado al dinero negro, al subsidio laboral con trabajo paralelo encubierto y a la economía clandestina. Con mucho Berlusconi en el horizonte. Un rebaño analfabeto, sumiso, de albañiles, putas y camareros, donde los únicos que de verdad van a estar a gusto, sinvergüenzas aparte, serán los jubilados guiris, los mafiosos nacionales e importados, y los hooligans de viaje y tres noches de hotel, borrachera y vómito incluidos, por veinticinco euros. Para entonces, los responsables del desastre se habrán retirado confortablemente al cobijo de sus partidos, de sus varios sueldos oficiales, de sus pingües jubilaciones por los servicios prestados a sí mismos. A dar conferencias a Nueva York sobre cómo nos reventaron a todos, dejando el paisaje lleno de tiendas cerradas y de vidas con el rótulo se traspasa. Así que malditos sean su sangre y todos sus muertos. En otros tiempos, al menos tenías la esperanza de verlos colgados de una farola.

domingo 4 de octubre de 2009

Sicav: 8.000 millones de beneficios en cinco años, sólo 56 de impuestos



Privilegios/ Los millonarios españoles han gozado de ventajas fiscales desde 1985, cuando Felipe González diseñó este vehículo de inversión para evitar la fuga de dinero.

FRANCISCO NÚÑEZ JAVIER GALLEGO
La tributación de los ricos, los de verdad, y no las rentas altas con las que se confunde el ministro de Fomento, José Blanco, siempre ha gozado de cierta laxitud fiscal. Y los partidos políticos han colaborado.

En los últimos cinco años, las 3.369 Sociedades de Inversión Mobiliaria de Capital Variable (Sicav), que gozan hasta ahora de una ventajosa tributación del 1%, pagaron 56,6 millones de euros por el Impuesto de Sociedades después de haber obtenido 8.068,6 millones de beneficios y de acumular un patrimonio medio por encima de los 26.000 millones.

Sólo en 2008, en plena crisis, obtuvieron unas ganancias de 190 millones (datos del tercer trimestre), por los que pagaron 1,7 millones.

Mientras tanto, también en este año, las rentas de trabajo, que aglutinan el 80% del IRPF y que soportan un tipo de hasta el 43%, aportaron a las arcas públicas 71.341 millones. Las sociedades, por su parte, con una tributación entre el 25% y el 30%, abonaron 27.301 millones, mientras que los impuestos sobre el consumo -IVA y especiales- alcanzaron los 67.591 millones.

Las Sicav fueron un invento del primer Gobierno de Felipe González (la primera, Consulbic, data de 1985 y sigue domiciliada en Bilbao). Su autor fue el ministro de Economía y Hacienda de entonces, Miguel Boyer, con la pretensión de que los ricos contribuyeran a las arcas públicas al menos con alguna aportación, por exigua que fuera, ante la posibilidad de que buscaran otros refugios en el exterior. Es decir, lo mismo que dijo hace unas semanas la vicepresidenta económica, Elena Salgado.

De Boyer fue también la idea de crear unos pagarés opacos al portador (se les llamó afros) para que las clases más acomodadas, y ante la necesidad del Estado de mayores ingresos, pudieran blanquear con toda impunidad. Después, fue Solchaga quien regularizó este dinero negro en 1992 con otra amnistía fiscal a cambio de un leve peaje económico.

El PP quiso reformar la tributación de las Sicav en 2003. Pretendió establecer un tributo del 35% (el de Sociedades) para las compañías en las que un mismo accionista concentrara un 25% del capital (en aquel momento sucedía en 2.500 de las 3.000 Sicav existentes). Pero dio marcha atrás.


En 2004, después de que Hacienda incluyera a estas sociedades por primera vez en 20 años en un plan contra el fraude, los inspectores fiscales levantaron más de 200 actas, por un valor de casi 70 millones de euros. Entonces, los grupos políticos arbitraron una amnistía fiscal y quitaron las competencia a Hacienda.

La inspección de Hacienda descubrió que la mayoría de las Sicav no cumplía los requisitos para ser considerada sociedad colectiva, en especial el de tener al menos 100 socios, y de esta forma tributar al 1%. En muchos casos, un accionista controlaba la sociedad y aparecían 99 mariachis (testaferros) que eran empleados de la gestora.

Sin embargo, el PP, PSOE y CiU se pusieron de acuerdo y aprovecharon la primera Ley que se tramitaba en el Congreso, relativa a Reformas Fiscales para Incentivar la Productividad, y le quitaron las competencias a la inspección de Hacienda para dárselas a la CNMV.

Muchas de las Sicav implicadas, que inicialmente habían firmado actas de acuerdo con Hacienda y que habían provisionado la deuda tributaria en sus balances, deshicieron esta posición cuando los principales partidos políticos se pusieron de acuerdo en que Hacienda no metiera las narices en las empresas de los ricos. Zapatero ya estaba en La Moncloa. Fue el primer pacto parlamentario entre el PSOE y el PP.

Dos años después, el Tribunal Económico Administrativo Central del Estado consideró que esta modificación tenía efectos retroactivos. Y fue partícipe de otra nueva amnistía fiscal a las sociedades de las grandes fortunas. Las actas levantadas quedaron condonadas. Varias grandes fortunas tenían actas de Hacienda de varias de sus sociedades. A título individual, South Hill, de los Lladró, tenía por ejemplo una deuda tributaria de casi 4,8 millones.

Fuentes de la Agencia Tributaria reconocen que descubrieron casos «verdaderamente escandalosos». Por ejemplo, el de una Sicav de Canarias en la que 45 de los 102 accionistas eran mariachis. Y de esos 45, al menos una treintena desconocían su presencia en la sociedad. Alguien había utilizado sus carnés de identidad, ya que desde 2000 (hasta entonces una sola persona podía crear su Sicav) bastaba (como sucede ahora) presentar un certificado con nombres y apellidos de personas ante la CNMV sin que éstas confirmen su presencia real.

Después de este cambio normativo, la CNMV quedó de agente custodio para determinar si las sociedades de los ricos cumplen o no los requisitos de entidad de inversión colectiva y beneficiarse del 1% actual de tributación. Es decir, la inspección de Hacienda puede investigar al Rey, a cualquier empresa o ciudadano, pero no puede meter la nariz en estas sociedades si la CNMV no lo autoriza. Es como si Hacienda no pudiera realizar comprobaciones a las entidades financieras sin el consentimiento del Banco de España.

Lo curioso es que desde 2004 la CNMV nunca ha detectado un incumplimiento de estos requisitos cuando aquella inspección sólo tardó unos meses. Al parecer, el órgano supervisor sitúa en una especie de limbo a las sociedades ya creadas que no cumplen las normas y les da un año de plazo para que se pongan al día. Hasta ahora no se conoce caso alguno de que este organismo haya suspendido a alguna Sicav de su condición de sociedad colectiva, si bien fuentes del regulador confirman que sí se han echado atrás solicitudes de creación de nuevas por no tener más de 100 accionistas.

Además, sobre la identidad de los socios en este tipo de sociedades, ricos de verdad o mariachis, existe un cierto hermetismo. Por ejemplo, en el registro mercantil figuran los accionistas de las compañías anónimas o con responsabilidad limitada. Pero no existe información de las Sicav. Los datos sólo los tiene la CNMV, lejos del olfato de Hacienda.

Según los últimos datos públicos del supervisor, el número de accionistas que forman parte de alguna de las 3.347 sociedades registradas alcanzaba los 439.395 en 2008. Este dato refleja un aumento respecto al ejercicio precedente, aunque a un ritmo mucho menor debido, en parte, «a la disminución de la riqueza de los grandes patrimonios, que ha limitado el acceso a las Sicav», según explican en una entidad cotizada.

Con el actual número de accionistas, la proporción sale a 131 socios por cada Sicav, por encima del límite establecido por la Ley. Aun así, hay grandes diferencias entre ellas. Por ejemplo, hay una sociedad con más de 5.000 accionistas, frente a las 2.650 que cuentan con entre 100 y 150 socios. La cuestión clave, no obstante, es si realmente todos ellos son inversores o sólo figurantes.

En este club de elite, con un patrimonio de 25.000 millones, figuran los nombres de los consejeros de las principales empresas del país, sagas familiares, profesionales o deportistas de primera línea. Sólo las 25 mayores Sicav ganaron en 2007 de 308 millones.

Así, entre estos afortunados se encuentran nombres tan conocidos como Esther Koplowitz, Amancio Ortega, Rafael Del Pino o Emilio Botín. Pero no sólo hay que buscar en el espectro financiero para encontrar protagonistas. También estas sociedades han sido el vehículo de muchos famosos que quieren invertir su patrimonio con un tratamiento fiscal ventajoso. Entre otros, los futbolistas Fernando Morientes e Iván de la Peña; el director de cine Pedro Almodovar; el arquitecto Ricardo Bofill, el productor Narciso Ibáñez Serrador, e incluso la Iglesia católica.


En realidad muchas de estas sociedades no están vetadas a ningún tipo de cliente, pero tienen que cumplir unos requisitos imprescindibles. La normativa vigente establece unos mínimos de inversión que en la mayoría de los casos resultan inaccesibles para un pequeño ahorrador. La inversión mínima exigida es de 2,4 millones de euros para aquéllas que están abiertas a todo el mundo. No obstante, de las más de 3.300 sociedades que hay actualmente, la mayoría son de carácter exclusivo, es decir, que no admiten la entrada de nuevos accionistas sin el beneplácito del creador, según explican desde un banco.

Gestión

También hay diferencias entre las formas de gestionar esas compañías. Algunos constituyen el vehículo como medio para mover sus participaciones mobiliarias (renta fija y renta variable, básicamente) a su gusto y criterio. Otros, sin embargo, dejan todas las decisiones de inversión en manos de la sociedad gestora. «Y eso puede ser muy peligroso», dice el encargado de tomar las decisiones de inversión de un conocido actor de televisión.

La Sicav que él gestionaba (dicha sociedad se ha extinguido) llegó a tener un patrimonio de casi 8 millones de euros y unos beneficios en 2007 de 260.000 euros. Según su experiencia, el gestor debe intentar convencer en muchas ocasiones a su cliente de que lo que él le pide no es la mejor opción. Sobre todo si el cliente no tiene grandes conocimientos sobre mercados financieros e instrumentos de inversión.

«Cuando eso sucede», añade, «lo normal es que la gestora tenga poderes para tomar las decisiones que considere más apropiadas en cada momento, aunque teniendo en cuenta siempre el objetivo de rentabilidades que persigue dicha sociedad».

En cualquier caso, según explican desde la industria de gestión de grandes patrimonios, estas sociedades han dejado de tener el atractivo que tenían a comienzos de la década de 2000. La supresión del impuesto de patrimonios y la liberalización de las Instituciones de Inversión Colectiva (IIC) restaron parte del atractivo de estos vehículos que, no obstante, hasta ahora han seguido gozando de esa ventajosa tributación en el 1% en el Impuesto de Sociedades.

Incluso los bancos han aprovechado estos vehículos para cautivar a su clientela, ya que los cambios de una entidad a otra en la administración, depósito y gestión de una Sicav es muy costoso y engorroso para los propios accionistas. «Las Sicav a veces son un instrumento más ventajoso para el banco para fidelizar a un cliente que para el propio inversor», reconocen en una entidad.

Por eso el boom de estas sociedades hoy ya no es lo que fue. «Estas empresas ya sólo tienen sentido si, además de tener un gran patrimonio, buscas una gestión muy activa y especulativa, intentando moverte en contra de la tendencia y sacándole partido a la capacidad de hacer y deshacer posiciones al instante», comenta una fuente del sector. «Si el cliente no busca esto, es mejor que se decante por una gestión de su patrimonio más tradicional», añade.

En los últimos meses, la industria ha vuelto paulatinamente a invertir en Bolsa después del varapalo de 2008, que hasta el tercer trimestre lastró un 88% el beneficio de estas sociedades, hasta los 189 millones de euros. De hecho, gran parte de las Sicav se han recuperado ya de las caídas y han vuelto a las rentabilidades positivas. Entre las más rentables destaca la de la familia Entrecanales (Acciona), Bestinver Bestvalue, que hasta junio obtuvo unas plusvalías del 26,10% gracias a su mayor exposición a la renta variable.

En cualquier caso, los grandes patrimonios todavía siguen guardando la mayor parte de su dinero en renta fija y liquidez (depósitos). Será que no se fían de que el mercado ya se ha recuperado.

EL VEHÍCULO DE INVERSIÓN DE LOS RICOS Y FAMOSOS

AMANCIO ORTEGA
485 millones. El dueño de Inditex controla la terecera mayor Sicav de España, Keblar de Inversiones, con un patrimonio de 307,2 millones. Hasta junio, Keblar ha ganado un 5% tras reducir su exposición a activos de mayor riesgo, como la cartera de inversiones en España. También ha duplicado su posición en liquidez (depósitos, básicamente). Aun así, el patrimonio se ha reducido en más de 150 millones en dos años. Ortega tiene además otras dos Sicavs, Alazan y Gramela. Entre las tres suman 485 millones.

ROSALÍA MERA
455 millones. La ex mujer de Amancio Ortega y fundadora del imperio textil es otra de las grandes fortunas españolas que canaliza parte de su patrimonio a través de estas sociedades. Soandres de Activos gestiona actualmente 285 millones, mientras que Breixo Inversiones tiene un patrimonio de 169 millones. Gestionada por JP Morgan, Soandres obtuvo una rentabilidad del 5,36% en el primer semestre con la mayoría de sus inversiones distribuidas en fondos de inversión.

JOSÉ M. ENTRECANALES
9,5 millones netos. Las siete Sicav de la familia Entrecanales se han fusionado en una sola, gestionada por Bestinver, la agencia de inversión propiedad de Acciona. La Sicav se llama Bestinver Bestvalue y tiene un patrimonio de 117,2 millones de euros. Puede presumir de ser una de las más rentables en 2009, con unas plusvalías acumuladas del 26,10%. En los últimos dos años, la Sicav de esta familia madrileña ha multiplicado por cinco su patrimonio gracias a las nuevas aportaciones.

RAFAEL DEL PINO
492 millones. La familia Del Pino, máximo accionista de la constructora Ferrovial, es otra de las megafortunas españolas que cuenta con varias Sicavs. Allocation es la segunda más grande registrada en la CNMV, con un patrimonio de 361,7 millones de euros. En 2007 obtuvo un beneficio bruto de 11,7 millones de euros. Por su parte, Keeper Inversiones gestiona 131 millones de euros y en lo que va de año ha obtenido una rentabilidad del 9%.

ANTONIO M. ROUCO VARELA
6,9 millones. La conferencia episcopal utiliza las Sicav para gestionar parte de su patrimonio. Umasges era hasta hace poco la sociedad más grande de las tres que tiene la Iglesia, con un patrimonio superior a los 6 millones de euros antes de su liquidación. Actualmente existen otras dos sociedades vinculadas a la Iglesia: Vayomer, participada por el Arzobispado de Astorga y con un patrimonio de 6,9 millones, y B.I. Gran Premiere, del Arzobispado de Oviedo y (1,3 millones).

PEDRO ALMODÓVAR
4,5 millones. Gestionada por Fortis, Oyster es la Sicav de Pedro Almodóvar, que cuenta actualmente con un patrimonio de 4,5 millones de euros. Según la composición de la cartera de esta sociedad, se puede concluir que el director es un inversor poco arriesgado. El 25% de sus inversiones están refugiadas en activos de renta fija, mientras que la renta variable sólo ocupa un 1%. Además de invertir en España, destaca la importancia de activos procedentes de Francia y Holanda.

CHICHO IBÁÑEZ SERRADOR
10,5 millones. Gestionada por BBVA, la Sicav del director español de cine Narciso Ibáñez Serrador (Peñafiel de Inversiones) cuenta con un patrimonio de 10,5 millones y 106 accionistas. En el año 2007 (último ejercicio disponible), esta sociedad obtuvo unos rendimientos brutos de 358.000 euros, por los que sólo pagó 3.000 en concepto de impuestos. La rentabilidad de esta sociedad en lo que va de año es de sólo el 0,5% como consecuencia de su mayor expsoción a la renta fija (85%).

FERNANDO HIERRO
2,7 millones. El ex jugador del Real Madrid y director deportivo de la selección española, Fernando Hierro, tiene en su Sicav Ferrosor invertidos 2,75 millones de euros, en su mayoría en renta fija privada nacional. Esta sociedad cuenta con 103 accionistas y en 2007 obtuvo unos resultados de 188.000 euros. Hierro no es el único deportista con una sociedad de este tipo: Fernando Morientes o Iván de la Peña también gestionan su patrimonio a través de una Sicav.

sábado 3 de octubre de 2009

Los trabajadores, a pagar una vez más


Ante la presentación en el Congreso de los Diputados del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado, la Unión Sindical Obrera (USO) quiere manifestar que una vez más seremos los trabajadores y trabajadores los que con nuestro esfuerzo sacaremos al país adelante, a pesar de la poca colaboración del Gobierno en ello.

Esta aparente reforma fiscal que se incluye en el Proyecto de Ley, sólo tiene un afán recaudatorio para intentar nivelar el déficit de las cuentas públicas, atreviéndose a pedir un sobreesfuerzo a los ciudadanos, mientras ese mismo sobreesfuerzo y austeridad no se hallan en el gasto de las administraciones públicas.

La reforma fiscal ni es “solidaria” ni es “equitativa”, como dice el Gobierno, sino más bien todo lo contrario. El Presidente del Gobierno, en lugar de ser el nuevo Robín Hood, que daba a los pobres lo que obtenía de los ricos, se está convirtiendo en el “príncipe Juan”, haciendo que la Ministra Salgado sea la nueva sheriff de Nottingham encargándola de la recaudación de los impuestos cuya subida afectará principalmente a las clases media y baja, es decir, a los trabajadores y trabajadoras de este país. Los 10.950 millones de euros que esperan recaudar con esta subida de impuestos, olvidándose de que un aumento de impuestos no implica necesariamente una subida en la recaudación, se obtendrán así:

- 5.700 millones, más del 50% del total, saldrán de la supresión de los 400 euros, medida que afectará a 12 millones de declarantes. Como esta cantidad es igual para todos, su supresión la notarán más los que menos ingresos declaran, que son los que tienen rentas más bajas. - 5.150 millones de euros se obtendrán de la elevación de los tipos de IVA, un impuesto indirecto que afecta más a los que menos ingresan, es lo menos solidario y equitativo. El IVA pasará del 7% al 8% en el tipo reducido y del 16% al 18% en el tipo general. Esta medida se aplicará a partir del primero de julio del próximo año. Y aunque nos dicen que el IVA súper reducido de los productos de primera necesidad no subirá, el valor real de estos productos se va a encarecer por el efecto dominó de las subidas del IVA en todo aquello que afecta a su elaboración: energía, transporte y distribución, etc.

- El resto, que suponen 800 millones, se recaudarán de las rentas del ahorro. Son rentas que los contribuyentes obtienen de depósitos, seguros de vida, venta de viviendas o fondos de inversión, que pasarán a tributar desde el 1 de enero del 18% al 19% para los primeros 6.000 euros, y el resto al 21%. Conviene recordar que cerca del 67% de los ahorradores tienen rentas anuales por debajo de los 21.000€ (1.500 mensuales) y de éstos, el 56% están por debajo de los 12.000€ de renta anual.

La conclusión es clara, la parte más importante de esta subida de impuestos recaerá, una vez más, sobre los trabajadores, aquellos que acreditan sus ingresos mediante una nómina, que son los más controlados por Hacienda.

Como en la historia, el sheriff de Nottingham no se comportaba con la misma exigencia con los poderos. Así, esta propuesta se olvida de las Sociedades de Capital Variable (SICAV) que tienen grandes ventajas fiscales, ya que ya que sólo tributan anualmente al 1% en concepto de Impuesto de Sociedades siempre y cuando los beneficios se queden en la propia sociedad de inversión, que es lo que suele suceder. Si los beneficios se retiran, entonces tributan como renta de capital.

Sin embargo, las PYMES tributan entre el 25% y el 30%, y con las nuevas medidas para la pequeña empresa y autónomos será del 20% ó 25%, siempre que mantengan o aumenten empleo, es decir que les vaya bien. Una vez más este Gobierno dice acudir en ayuda de los más necesitados, cuando estamos asistiendo a la quiebra de numerosas PYMES y a la ruina de muchos autónomos, que serían los que necesitarían de estas ayudas para poder salvarse y salvar así el empleo.

Otro ejemplo lo tenemos en los deportistas extranjeros, que tributan al 24% mientras los nacionales lo hacen al 43%.

Desde la USO creemos necesario una reforma fiscal a fondo, no meras medidas para hacer caja, una reforma que busque realmente que las personas coticen en función de su renta real. Es más necesario que nunca una mejor y más justa redistribución de la riqueza. Esta reforma debería buscar la transparencia, la simplicidad y la claridad, favorecer el ahorro, la inversión productiva a largo plazo y apoyar a las familias.

Junto a esto, creemos que es necesario que el Gobierno y las Administraciones Públicas sean ejemplares y por tanto estos presupuestos deberían contener un plan de austeridad para recortar el gasto público. Sin él las propuestas del Ejecutivo carecen de credibilidad. El único recorte explícito viene dado por una subida testimonial en las retribuciones de los empleados públicos que, fruto de la subida impositiva, verán cómo merma su poder adquisitivo.

Estos presupuestos parecen olvidarse de que lo que necesita nuestra economía para recuperarse es liquidez, es incremento del consumo interno, cuyo descenso hace que el PIB siga decreciendo. Con la subida impositiva que se plantea esto no va a suceder, y por mucho que lo diga el Presidente del Gobierno, con valores del PIB negativos no crearemos empleo.