domingo 26 de septiembre de 2010

Medidas contra la crisis




Óscar Gómez Mera



Las medidas adoptadas por el ejecutivo de Zapatero encaminadas a reducir el déficit público y, según ellos, a acabar con el desempleo han desembocado en una tardía convocatoria de Huelga General. Estas medidas basadas en postulados económicos neoliberales, y que bien podría haber adoptado el PP, se limitan a reducir el gasto público haciendo caer sobre las clases menos pudientes (empleados públicos, pensionistas, dependientes y trabajadores en general) el peso de una crisis provocada por la banca y el egoísmo usurero de un sistema, el capitalista, cuyo único y último fin se basa en obtener más y mejores beneficios a costa de quien sea. La única medida notable destinada a aumentar los ingresos ha consistido en la subida del IVA, lo que se traduce en que una cerveza le costará un 1% más tanto a un mileurista como al mismísimo Emilio Botín. Amén de la subida de un 1% y un 2% en el tramo del IRPF a quienes ganen respectivamente más de 120.000 y 175.000 euros. Lo que me temo, habrá provocado sonoras carcajadas entre las filas de aquellos que más ingresan.

Sin embargo el Gobierno podía haber intentado reducir el déficit (aunque de lo que se trata ahora es de aumentar el gasto público para aumentar el empleo) tomando medidas orientadas a incrementar los ingresos, consiguiendo además con ello mantener el gasto social y el consumo para crear puestos de trabajo. Esas medidas podían haber sido, entre otras, las siguientes:

1) Supresión de las Diputaciones Provinciales. En el actual Estado o sobran estas o sobran las autonomías. El arriba firmante se decanta por suprimir las primeras con toda su clase política y altos cargos. Con el trinomio Estado-Autonomía-Municipio la Administración del Estado está lo suficientemente descentralizada y burocratizada, siendo hoy día las Diputaciones Provinciales organismos que duplican las tareas que ya realizan autonomías o municipios. En ningún caso esto debería suponer un recorte o la eliminación de los empleados públicos provinciales, que seguirían al servicio de los ciudadanos bien en las autonomías o municipios.

2) Eliminación del Senado. Esta cámara se ha convertido en un cementerio de dinosaurios donde se aparca a las viejas glorias de los partidos políticos, y para nada constituye una cámara de representación territorial. El Parlamento debería ser la única cámara existente representativa no sólo de la voluntad popular, sino también de la representación territorial del Estado, ya que a los diputados se les elige por circunscripciones provinciales y no mediante una lista única. En el Parlamento ya están representadas todas las autonomías españolas.

3) Supresión de la Casa Real y de la monarquía. Que la Jefatura del Gobierno asuma las funciones del Jefe de Estado, sin que ello suponga ninguna remuneración añadida.

4) Establecer como tope salarial para los cargos públicos y altos cargos el triple del Salario Mínimo Interprofesional. Si los políticos quieren cobrar más de esa cantidad no les quedará más remedio que incrementar su importe.

5) No mas subvenciones a partidos políticos, organizaciones empresariales y sindicales, ni a ninguna confesión religiosa. Eliminación de la declaración de la renta de la casilla de la Iglesia Católica. Quien quiera pertenecer a partidos, sindicatos o iglesias que cotice de su bolsillo y no de los impuestos que está obligado a pagar. Esta medida fomentaría la independencia sindical, ya que los sindicatos serían organizaciones mantenidas y dirigidas por los trabajadores sin depender de las subvenciones del Gobierno de turno.

6) Aumento de los impuesto a las rentas del capital. Los primeros 6.000 euros deberían tributar al 20% (actualmente lo hacen al 19%) y del euro 6.001 en adelante al 25% (actualmente al 21%). Aplicación de los mismos porcentajes para las SICAV, que actualmente cotizan al 1% con la excusa de que es mejor que cotice muy poco a que ese capital salga de España y no cotice nada. Creación de una tasa del 0,1% para gravar a aquellos capitales que salgan del territorio nacional.

7) Recuperación de los tramos del IRPF de 1978 (cuando se instaura el impuesto) donde el tope máximo era del 65,5%.

8) Eliminación de coches oficiales y dietas pagadas para la clase política. Si los trabajadores españoles (el 64% mileuristas) nos tenemos que costear nuestro desplazamiento al trabajo y nuestra manutención de nuestro bolsillo, los políticos que cobran más que nosotros que hagan lo propio.

9) Eliminación de privilegios salariales y de pensiones a la clase política. Cuando un cargo público cese no cobrará parte de su sueldo ni durante un día, y la indemnizaciones que le puedan corresponder serán las que vengan recogidas en el Estatuto de los Trabajadores. Para cobrar la una pensión de jubilación tendrán que cumplir los mismos requisitos que cualquier trabajador. Ningún cargo público podrá cobrar a la vez dos sueldos públicos ni ostentar dos o más cargos.

10) Eliminación del tope máximo de cotización a la Seguridad Social, así como de todas las bonificaciones en las cuotas patronales.

11) Recuperación del Impuesto de Patrimonio y aumento del Impuesto de Sociedades al 35%.

Todas estas medidas, exceptuando la de la supresión de la Casa Real por populista (que quieren que les cuente, republicano irreconciliable que es uno) son medidas que cualquier gobierno genuinamente socialdemócrata hubiera tomado para hacer frente a la actual situación económica. Pero el gobierno de Zapatero no es socialdemócrata, sino marxista. Pero no de la tendencia Karl, sino de la de Groucho. Aquel que decía: "Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros".